221. Pero san Juan irá todavía más lejos al afirmar: “Dios es Amor” (1 Jn 4,8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo (cf. 1 Cor 2,7-16; Ef 3,9-12); Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre,…
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Párrafo 222
222. Creer en Dios, el Único, y amarlo con todo el ser tiene consecuencias inmensas para toda nuestra vida:
Párrafo 223
223. Es reconocer la grandeza y la majestad de Dios: “Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia” (Jb 36,26). Por esto Dios debe ser “el primer servido” (Santa Juana de Arco, Dictum: Procès de condamnation).
Párrafo 224
224. Es vivir en acción de gracias: Si Dios es el Único, todo lo que somos y todo lo que poseemos vienen de Él: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co 4,7). “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116,12).
Párrafo 225
225. Es reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres: Todos han sido hechos “a imagen y semejanza de Dios” (Gn 1,26).
Párrafo 226
226. Es usar bien de las cosas creadas: La fe en Dios, el Único, nos lleva a usar de todo lo que no es Él en la medida en que nos acerca a Él, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta de Él (cf. Mt 5,29-30; 16, 24; 19,23-24): «¡Señor mío y Dios…
Párrafo 227
227. Es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente: Nada te turbe, / Nada te espante Todo se pasa , / Dios no se muda La paciencia, / Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene, / Nada le falta: Sólo Dios basta….
Párrafo 228
228. “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el Único Señor…” (Dt 6,4; Mc 12,29). “Es absolutamente necesario que el Ser supremo sea único, es decir, sin igual […] Si Dios no es único, no es Dios” (Tertuliano, Adversus Marcionem, 1,3).
Párrafo 229
229. La fe en Dios nos mueve a volvernos solo a Él como a nuestro primer origen y nuestro fin último;, y a no preferir nada a él.
Párrafo 230
230. Dios al revelarse sigue siendo Misterio inefable: “Si lo comprendieras, no sería Dios” (San Agustín, Sermones, 52,6,16: PL 38, 360).


