Evangelio de hoy – Martes 16 de enero de 2024 – Marcos 2,18-22 – Biblia católica

Primera Lectura (1 Samuel 16,1-13)

Lectura del Primer Libro de Samuel.

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo estarás llorando por causa de Saúl, a quien yo mismo he rechazado para que no reine más sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ven, para que te envíe a la casa de Jesé de Belén, porque he elegido un rey entre sus hijos”.

Samuel reflexionó: “¿Cómo puedo ir? Si Saúl se entera, me matará”. El Señor respondió: “Toma contigo una novilla del rebaño y di: ‘He venido a ofrecer un sacrificio al Señor’. Invita a Jesé al sacrificio, y yo te mostraré lo que debes hacer; ungirás a aquel a quien yo te indique”. Samuel hizo lo que el Señor le dijo y fue a Belén. Los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro y le preguntaron: “¿Viene en paz tu venida?” “Sí, viene en paz”, respondió Samuel. “He venido a hacer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo para que ofrezca la víctima”. Purificó entonces a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio.

Tan pronto como llegaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguramente este es el ungido del Señor”. Pero el Señor le dijo: “No mires su apariencia ni su gran estatura, porque yo lo he rechazado. No juzgo según los criterios del hombre; el hombre ve las apariencias, pero el Señor mira el corazón”. Luego Jesé presentó a Abinadab ante Samuel, quien dijo: “Tampoco es este el elegido del Señor”. Jesé luego trajo a Sama, y Samuel dijo: “Tampoco el Señor lo ha elegido”.

Jesé hizo venir a sus siete hijos delante de Samuel, pero él dijo: “El Señor no ha elegido a ninguno de ellos”. Y añadió: “¿Están aquí todos tus hijos?” Jesé respondió: “Queda aún el más joven, que está apacentando las ovejas”. Samuel ordenó a Jesé: “Haz que lo traigan, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él llegue”. Jesé lo hizo traer. Era pelirrojo, de hermosos ojos y apariencia agradable. Y el Señor dijo: “Levántate, úngelo; es este”. Samuel tomó el cuerno con aceite y ungió a David en presencia de sus hermanos. Desde aquel día, el espíritu del Señor se apoderó de David. Luego, Samuel partió y regresó a Ramá.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Mc 2,23-28)

— Proclamación del Evangelio de Jesucristo según San Marcos.

— Gloria a ti, Señor.

Jesús estaba pasando por unos campos de trigo en un día de sábado. Sus discípulos comenzaron a arrancar espigas mientras caminaban. Entonces, los fariseos le dijeron a Jesús: “¡Mira! ¿Por qué hacen en día de sábado lo que no está permitido?”

Jesús les dijo: “¿Nunca han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre y necesidad? ¿Cómo entró en la casa de Dios, en el tiempo en que Abiatar era sumo sacerdote, comió los panes consagrados que solo a los sacerdotes se les permite comer, y también se los dio a sus compañeros? El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado. Por lo tanto, el Hijo del Hombre es también Señor del sábado”.

— Palabra de Salvación.

— Gloria a ti, Señor.

Refletindo a Palavra de Deus

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy, quiero invitarlos a reflexionar sobre los pasajes bíblicos de la Primera Lectura, en 1 Samuel 16,1-13, y del Evangelio de Marcos 2,23-28. Estas lecturas nos brindan importantes lecciones sobre la voluntad de Dios, la importancia de un corazón sincero y la comprensión del verdadero significado del sábado. Vamos a explorar juntos estos temas y descubrir cómo se aplican a nuestras vidas cotidianas.

Mis amigos, todos tenemos experiencias diarias que nos conectan con estos pasajes bíblicos. Imaginen la escena descrita en 1 Samuel 16,1-13: el profeta Samuel es enviado por Dios para ungir a un nuevo rey en Belén. Llega a la ciudad y ve a los hijos de Jesé, cada uno de ellos aparentemente adecuado para ser el elegido de Dios. Pero Dios le dice a Samuel: “No mires su apariencia ni su altura, porque lo he desechado. El Señor no ve como ve el hombre: el hombre mira la apariencia, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16,7).

Este mensaje es profundamente relevante para nosotros hoy. Con frecuencia, somos rápidos en juzgar a las personas por sus apariencias externas, sus cargos o sus logros materiales. Pero Dios nos invita a mirar más allá de estas superficies y a ver el corazón de las personas. Nos llama a reconocer la verdadera belleza, aquella que proviene de un corazón lleno de amor, humildad y compasión.

Una historia ilustrativa de esta verdad es la del joven David, el menor de los hijos de Jesé. No era el más fuerte, alto o aparentemente calificado para ser rey. Sin embargo, Dios lo eligió porque vio en su corazón la disposición para servirle y hacer Su voluntad. David era un pastor de ovejas, pero fue ungido como rey, convirtiéndose en un ejemplo de cómo Dios puede usar a personas comunes para cumplir Sus propósitos extraordinarios.

Este mensaje nos desafía a mirar a las personas a nuestro alrededor con los ojos de Dios, a no dejarnos llevar por las apariencias, sino a buscar la esencia, la bondad, la generosidad y la sinceridad que pueden estar ocultas detrás de rostros desconocidos. Esta es una lección que podemos aplicar en nuestras familias, relaciones y comunidades.

En el Evangelio de Marcos 2,23-28, encontramos otra valiosa lección. Jesús y sus discípulos estaban caminando por los campos en un sábado, cuando cosecharon algunas espigas de trigo para comer. Los fariseos, cumplidores rigurosos de la ley, acusaron a Jesús de violar el sábado. Pero Jesús les respondió con palabras sabias: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del Hombre es señor incluso del sábado” (Marcos 2,27-28).

Estas palabras de Jesús nos enseñan que la observancia del sábado no debe ser una carga pesada, sino una oportunidad para descansar, reflexionar y acercarnos a Dios. El sábado es un tiempo sagrado, un regalo de Dios para nosotros, en el cual podemos renovar nuestras fuerzas y conectarnos con lo divino. Es más que una lista de reglas y obligaciones; es una invitación a experimentar la alegría de la comunión con Dios y con los demás.

¿Cuántas veces, hermanos míos, caemos en la trampa de convertir nuestra fe en un conjunto de obligaciones y formalidades vacías? ¿Cuántas veces olvidamos que Dios desea una relación viva y profunda con nosotros? El mensaje de Jesús nos recuerda que la verdadera observancia del sábado, es decir, del día sagrado, es poner a Dios en primer lugar en nuestras vidas, buscar Su presencia, descansar en Él y permitir que renueve nuestras fuerzas y nos guíe hacia una vida plena y significativa.

Estos pasajes bíblicos nos invitan a reflexionar sobre la importancia de un corazón sincero y de una observancia auténtica del sábado. Nos desafían a ir más allá de las apariencias externas y a ver el verdadero valor de las personas, así como a buscar una conexión profunda con Dios en nuestra vida diaria.

Mis amigos, ¿cómo podemos aplicar estas lecciones en nuestras vidas? Permítanme ofrecer algunas orientaciones prácticas.

Primero, recordemos mirar a las personas con los ojos de Dios. Esforcémonos por ir más allá de las apariencias y juicios superficiales. Que podamos ver el corazón de las personas, valorar su dignidad inherente y tratar a todos con amor y respeto. Esto se aplica no solo a aquellos que están cerca de nosotros, sino también a los extraños que encontramos en nuestro camino. Cada persona es un hijo de Dios, merecedor de nuestro cuidado y compasión.

En segundo lugar, reevaluemos nuestra práctica de observancia del sábado. No se trata solo de seguir reglas, sino de crear espacio para Dios en nuestras vidas. Tomémonos un tiempo para descansar, para conectarnos con Él a través de la oración y la lectura de las Escrituras. Dejemos de lado las preocupaciones y busquemos la paz interior que solo Él puede proporcionar. Al mismo tiempo, recordemos que el sábado es una invitación a vivir nuestra fe auténticamente todos los días de la semana, llevando el amor de Dios a dondequiera que vayamos.

Además, los animo a buscar momentos de silencio y reflexión en sus vidas. En un mundo agitado y ruidoso, es fácil distraerse y perder de vista lo que realmente importa. Tomemos pausas regulares para estar a solas con Dios, para escuchar Su voz en nuestro corazón. Encontremos tiempo para meditar sobre las verdades espirituales que estamos aprendiendo y permitamos que transformen nuestras actitudes y acciones.

Para concluir, quiero enfatizar que todo lo que hemos discutido hoy tiene como objetivo central acercarnos a Dios y convertirnos en discípulos más auténticos de Cristo. No se trata solo de escuchar palabras hermosas e inspiradoras, sino de actuar de acuerdo con ellas. Que este mensaje no sea solo un discurso, sino una motivación para un cambio real en nuestras vidas.

Queridos hermanos y hermanas, mientras caminamos juntos en esta jornada de fe, recordemos que Dios nos ama incondicionalmente. Nos ve más allá de las apariencias y nos invita a una intimidad profunda con Él. Seamos abiertos a esta gracia, permitamos que nos transforme y permitamos que el amor divino nos capacite para amar y servir a los demás.

Que las lecciones de los pasajes bíblicos de hoy encuentren un hogar en nuestros corazones y nos guíen en nuestros pensamientos, palabras y acciones. Que seamos personas que buscan la verdadera belleza del corazón y que vivimos una fe auténtica, descansando en Dios y compartiendo Su amor con el mundo.

Que Dios, en Su infinita bondad, nos bendiga e ilumine en nuestra jornada espiritual. Que nos conceda la gracia de vivir según Su voluntad y nos dé fuerzas para superar los desafíos que enfrentamos. Que Su amor nos envuelva y nos guíe en todos los momentos de nuestras vidas.

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.