Evangelio de hoy – Martes 20 de febrero de 2024 – Mateo 6,7-15 – Biblia católica

Primera Lectura (Is 55,10-11)

Lectura del libro del Profeta Isaías.

Esto dice el Señor: Como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven allí sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, produciendo semilla para el sembrador y pan para quien come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión.

— Palabra del Señor.

— Te alabamos, Señor.

Evangelio (Mt 6,7-15)

— PROCLAMACIÓN del Evangelio de Jesucristo según San Mateo.

— ¡Gloria a ti, Señor!

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando oren, no hablen mucho como hacen los paganos. Piensan que serán escuchados por sus muchas palabras.

No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan. Así que deben orar de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal.

Porque si perdonan a los demás sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre perdonará sus ofensas”.

— Palabra del Señor.

— ¡Gloria a ti, Señor!

Reflejando la Palabra de Dios

Hermanos y hermanas en Cristo, que la paz del Señor esté con ustedes. Hoy, me gustaría comenzar nuestra reflexión con un escenario familiar para todos nosotros: la experiencia de escribir una búsqueda en el motor de búsqueda de Internet. ¿Qué sucede cuando escribimos una pregunta o un término de interés? En un abrir y cerrar de ojos, nos vemos inundados con un torrente de información, una multitud de respuestas y opiniones. Es como si todo el mundo estuviera a nuestra disposición con solo un clic. Pero en medio de esta avalancha de datos, ¿dónde encontramos la verdadera sabiduría?

En esta liturgia, las Sagradas Escrituras nos hablan sobre la importancia de buscar la verdadera sabiduría que proviene de Dios. En la Primera Lectura, del Libro del Profeta Isaías (Is 55,10-11), encontramos una hermosa metáfora que nos ayuda a comprender la forma en que Dios actúa en nuestras vidas. El profeta nos dice: “Como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven allá sin regar la tierra, (…) así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi deseo”.

Esta imagen de la lluvia y la nieve que caen del cielo para regar y fertilizar la tierra nos muestra que la palabra de Dios tiene un poder transformador. Al igual que el agua es esencial para la vida de la vegetación, la Palabra de Dios es esencial para la vida de nuestra alma. Nos alimenta, nos sustenta y nos guía por el camino de la verdad y la sabiduría.

Y en el Evangelio de Mateo (Mt 6,7-15), Jesús nos enseña la oración del Padre Nuestro. Nos advierte sobre la importancia de alejarnos de las vanas repeticiones y nos invita a dirigirnos a Dios con confianza y sencillez. Jesús nos enseña que Dios ya sabe lo que necesitamos antes de que lo pidamos, pero desea que nos acerquemos a Él en oración, revelando nuestros corazones y confiando en Su providencia.

Estos pasajes nos invitan a reflexionar sobre cómo buscamos la verdad y nos comunicamos con Dios. Vivimos en una era de información instantánea, donde constantemente estamos bombardeados con opiniones e ideas diversas. Pero, ¿todas estas informaciones nos llevan a la verdadera sabiduría? ¿Todas estas palabras nos acercan a Dios?

Queridos amigos, es crucial que busquemos discernimiento y sabiduría en nuestra búsqueda de la verdad. Así como filtramos la información que encontramos en Internet, necesitamos discernir las voces que nos rodean y los mensajes que nos son transmitidos. No todo lo que brilla es oro, ni toda palabra que escuchamos nos lleva a la verdad. Necesitamos buscar la sabiduría que viene de Dios, la verdad que perdura, la Palabra que es viva y eficaz.

Y ¿cómo podemos encontrar esa verdadera sabiduría? Permítanme compartir una historia con ustedes. Una vez había un joven que estaba perdido en un bosque denso y oscuro. Caminaba sin rumbo, desorientado y con miedo. De repente, vio una luz brillante en medio de los árboles. Se acercó y descubrió una pequeña lámpara de aceite. Con cuidado, la encendió y la luz iluminó el camino frente a él. La lámpara se convirtió en su brújula en la oscuridad, guiándolo hacia afuera del bosque y hacia la seguridad.

Mis queridos hermanos y hermanas, al igual que la lámpara guió al joven en la historia, la Palabra de Dios es la luz que nos guía en medio de las tinieblas del mundo. Ilumina nuestro camino, revela la verdad y nos lleva a la sabiduría que viene de lo alto. La Biblia es la lámpara que debemos encender en nuestras vidas, permitiendo que su luz nos guíe en todas las circunstancias.

Pero no basta solo con leer la Biblia, también necesitamos meditar en ella, reflexionar sobre sus verdades y permitir que transforme nuestros corazones. Al igual que la lluvia que cae del cielo y da vida a la tierra, la Palabra de Dios necesita penetrar en nuestro ser y producir frutos en nuestras vidas.

Una forma práctica de aplicar estos enseñanzas es a través de la oración. Jesús nos enseñó la oración del Padre Nuestro, un modelo de cómo dirigirnos a Dios. Esta oración no es solo una secuencia de palabras vacías, sino un diálogo íntimo con nuestro Padre Celestial. Cuando oramos el Padre Nuestro, estamos expresando nuestra fe, nuestra dependencia de Dios y nuestra disposición a hacer Su voluntad.

Cuando oramos, abrimos espacio para que Dios actúe en nuestras vidas. Él conoce nuestras necesidades antes de que las pidamos, pero cuando nos colocamos delante de Él en oración, estamos demostrando nuestra confianza en Su providencia y nuestra disposición a seguir Sus caminos.

Y ¿cómo podemos hacer nuestra oración más significativa y profunda? Permítanme compartir otra historia con ustedes. Una vez, un joven que estaba aprendiendo a tocar el piano fue a su profesor y le dijo: “Maestro, estoy practicando todos los días, pero siento que mis canciones no tienen vida, no tienen emoción”. El maestro lo miró y dijo: “Joven, estás tocando las notas, pero no estás sintiendo la música. Necesitas poner tu alma en lo que tocas”.

Mis amigos, esta historia nos recuerda que la oración no es solo una lista de peticiones, sino una expresión de nuestra relación con Dios. Necesitamos poner nuestra alma en la oración, abrir nuestro corazón y permitir que nuestras palabras estén impregnadas de fe y emoción. Cuando oramos con sinceridad y entrega, nuestra oración se vuelve viva y poderosa.

Y ¿cómo podemos aplicar estos principios en nuestra vida diaria? Permítanme ofrecer algunas sugerencias prácticas. En primer lugar, reserven un tiempo diario para leer y meditar en la Palabra de Dios. Hagan de la Biblia una parte integral de sus vidas, permitiendo que sus verdades penetren en sus corazones y moldeen sus acciones.

En segundo lugar, cultiven una vida de oración constante. No limiten su oración solo a momentos específicos del día, sino busquen una comunión continua con Dios en todas las circunstancias. Hablen con Él en sus momentos de alegría y tristeza, en sus dudas e incertidumbres, en sus victorias y derrotas. Abran sus corazones y permitan que Él sea una presencia constante en sus vidas.

Y, finalmente, vivan de acuerdo con la sabiduría que encontramos en la Palabra de Dios. No se conformen solo con escuchar y leer, sino pongan en práctica lo que aprenden. Si la Palabra de Dios nos enseña sobre el amor al prójimo, busquen oportunidades para servir y ayudar a los demás. Si nos llama a la humildad, cultiven una postura de humildad en todas las áreas de sus vidas.

Queridos hermanos y hermanas, la verdadera sabiduría está a nuestro alcance. Dios nos ofrece Su Palabra como una fuente de vida y orientación. Aprovechemos este regalo y permitamos que transforme nuestras vidas. Que nuestras acciones sean guiadas por la verdad divina y que nuestra oración sea un reflejo de nuestra fe y confianza en Dios.

Que la lluvia de la Palabra de Dios caiga sobre nosotros, regando y fertilizando nuestras vidas. Que la luz de la verdad nos guíe en medio de las tinieblas del mundo. Que nuestra oración sea un diálogo íntimo con nuestro Padre Celestial. Y que, al vivir de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras, podamos ser testigos del amor, la gracia y la esperanza divina en nuestro mundo.

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.