Evangelio de hoy – Viernes 23 de febrero de 2024 – Mateo 5,20-26 – Biblia católica

Primera Lectura (Ez 18,21-28)

Lectura de la Profecía de Ezequiel.

Así dice el Señor: “Si el impío se arrepiente de todos los pecados cometidos, guarda todos mis mandamientos y practica la rectitud y la justicia, vivirá ciertamente y no morirá. Ninguno de los pecados que ha cometido será recordado contra él. Vivirá por la justicia que ha practicado.

¿Acaso me complazco en la muerte del impío? —oráculo del Señor Dios—. ¿No deseo más bien que se aparte de su mal camino y viva? Pero si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando todas las prácticas abominables del impío, ¿podrá hacer eso y vivir?

De la justicia que ha practicado, ya no se acordará. Por su infidelidad y por el pecado que ha cometido, morirá. Pero vosotros decís: ‘La conducta del Señor no es justa’.

Escuchad, casa de Israel: ¿Es acaso mi conducta la que no es justa, o es más bien la vuestra la que no es justa? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete maldad y muere, es por la maldad que ha cometido que morirá. Pero si el impío se arrepiente de la maldad que ha practicado y observa el derecho y la justicia, conservará su vida. Arrepintiéndose de todos sus pecados, ciertamente vivirá; no morirá”.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangélio (Mt 5,20-26)

— PROCLAMACIÓN del Evangelio de Jesucristo según San Mateo.

— ¡Gloria a ti, Señor!

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si su justicia no es mayor que la de los maestros de la Ley y de los fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: ‘No matarás; y el que mate será reo de juicio’. Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano ‘imbécil’ será reo ante el tribunal; y el que le llame ‘necio’ será reo de la Gehena del fuego.

Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda.

Trata de reconciliarte con tu adversario mientras vas con él al tribunal; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan en prisión. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

— Palabra del Señor.

— ¡Gloria a ti, Señor!

Reflejando la Palabra de Dios

Hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy quiero comenzar nuestra reflexión con una pregunta: ¿alguna vez te has sentido perdido en medio de un laberinto? Imagínense caminando por pasillos estrechos, sin saber qué dirección tomar, sin poder ver la salida. La sensación de confusión y desorientación puede ser abrumadora. Pero, en lo más profundo del corazón, todos deseamos encontrar el camino correcto, la respuesta correcta, la verdad que nos libera.

En los pasajes bíblicos que acabamos de escuchar, encontramos una luz de orientación para nuestras vidas, como un faro brillante que nos guía a través del laberinto de la existencia humana. En la Primera Lectura, del profeta Ezequiel, se nos invita a reflexionar sobre la justicia y la misericordia de Dios. Él nos dice que, si un pecador se arrepiente y se aparta de sus malos caminos, encontrará el perdón y la vida eterna.

Esta es un mensaje de esperanza y renovación, que nos invita a abandonar los caminos del pecado y a volvernos hacia Dios. Es una invitación a romper con los patrones destructivos que nos atan y nos alejan del amor de Dios. Y es un llamado a la conversión, a un cambio de corazón y mente, que nos permite experimentar la plenitud de la vida en Dios.

Pero, ¿cómo podemos responder a este llamado? ¿Cómo podemos encontrar el camino correcto, la verdadera justicia que Dios nos llama a vivir? Aquí es donde el pasaje del Evangelio de Mateo nos ofrece una orientación clara. Jesús nos dice que, si nuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraremos en el Reino de los Cielos.

Esta afirmación de Jesús puede sorprendernos. Después de todo, los escribas y fariseos eran conocidos por su estricta adherencia a la ley y a la tradición religiosa. Sin embargo, Jesús nos recuerda que la justicia a la que nos llama a vivir va más allá de una observancia externa de la ley. Él nos invita a una justicia que viene del corazón, que transforma nuestras actitudes, intenciones y relaciones.

En otras palabras, Jesús nos está llamando a ir más allá del cumplimiento superficial de las reglas y regulaciones religiosas. Nos llama a una justicia que va más allá de las apariencias y penetra hasta lo más profundo de nuestra alma. Nos invita a amar a nuestros hermanos y hermanas, a buscar la reconciliación, a perdonar y a ser misericordiosos.

Para ilustrar este mensaje, quiero compartir con ustedes una historia que nos ayuda a comprender lo que significa vivir una justicia que supera la de los escribas y fariseos. Es la historia de un hombre llamado Samuel y su amigo João.

Samuel y João eran vecinos desde hace muchos años. Solían trabajar juntos en sus jardines, compartiendo historias y risas. Pero un día, surgió una pelea entre ellos. Una palabra malinterpretada, un gesto ofensivo, y la amistad de años se deshizo en ira y resentimiento.

Pasaron meses y Samuel y João seguían viviendo uno al lado del otro, pero sus corazones estaban separados por un muro de amargura. Evitaban cualquier contacto, intercambiando miradas cargadas de hostilidad cuando se encontraban.

Hasta que un día, Samuel escuchó una predicación sobre el perdón y la reconciliación. Fue tocado por el mensaje y se dio cuenta de que necesitaba actuar. Sabía que era hora de buscar la justicia que supera la de los escribas y fariseos.

Entonces, Samuel decidió dar el primer paso. Fue a la casa de João y se disculpó sinceramente. Reconoció sus errores y expresó el deseo de restaurar su amistad. Al principio, João vaciló, pero poco a poco, la barrera entre ellos comenzó a desmoronarse. Hablaron, lloraron y se perdonaron mutuamente.

Samuel y João descubrieron que la verdadera justicia no está solo en cumplir reglas externas, sino en cultivar relaciones de amor, perdón y reconciliación. Experimentaron en sus propias vidas la misericordia de Dios, que los capacitó para superar la división y restaurar su amistad.

Esta historia nos recuerda que la justicia de Dios es una justicia de amor y misericordia. Nos llama a mirar más allá de las apariencias y a buscar la verdadera transformación interior. El pasaje bíblico nos desafía a examinar nuestros corazones, a identificar las áreas en las que necesitamos conversión y a dar pasos concretos hacia la reconciliación y el perdón.

Hermanos y hermanas, cada uno de nosotros tiene sus propios “Samuel” y “João” en nuestras vidas. Puede ser un miembro de la familia con el que no hemos hablado en años, un amigo que nos ha herido profundamente, o incluso nosotros mismos, atrapados en resentimientos y autocrítica. Dios nos llama a buscar la justicia que supera la de los escribas y fariseos, a buscar la reconciliación y el perdón.

Y ¿cómo podemos hacerlo? Aquí hay algunas pautas prácticas para aplicar las lecciones de estos pasajes bíblicos en nuestra vida diaria:

Primero, detente y reflexiona. Tómate un tiempo para examinar tu corazón e identificar las áreas en las que necesitas sanación, perdón y reconciliación. Reconoce tus propias debilidades y limitaciones, y sé abierto al cambio.

Segundo, sé valiente para dar el primer paso. Si hay alguien con quien necesitas reconciliarte, toma la iniciativa. Busca el diálogo, pide disculpas y sé abierto al perdón. Recuerda que perdonar no significa ignorar o aceptar el comportamiento perjudicial, sino liberarte del peso del resentimiento y abrir camino a la curación.

Tercero, cultiva relaciones saludables. Busca construir relaciones basadas en el amor, la compasión y el respeto mutuo. Está dispuesto a escuchar, a entender las perspectivas de los demás y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos.

Cuarto, busca la reconciliación contigo mismo. A menudo, somos nuestros peores críticos y cargamos con el peso de la autocrítica y la falta de perdón hacia nosotros mismos. Permítete ser humano, con todas tus fallas e imperfecciones. Ámate y perdónate a ti mismo, así como Dios nos ama y perdona.

Quinto, mantente firme en la práctica de la justicia y la misericordia. Recuerda que seguir a Jesús implica vivir una vida de amor y servicio a los demás. Busca oportunidades para ayudar a los necesitados, para ser un agente de cambio en tu comunidad y para promover la justicia en todas las áreas de tu vida.

Queridos hermanos y hermanas, los pasajes bíblicos de la Primera Lectura y del Evangelio nos desafían a buscar una justicia que va más allá de las apariencias y toca el corazón. Nos invitan a ser instrumentos de reconciliación, perdón y amor en un mundo a menudo marcado por la división y el odio.

Que podamos aceptar este llamado con el corazón abierto, confiando en la gracia y el poder transformador de Dios. Que podamos ser agentes de cambio en nuestras propias vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Y que, juntos, podamos construir un mundo donde la justicia y la misericordia de Dios sean tangibles y visibles para todos.

Que Dios nos bendiga y nos guíe en nuestra búsqueda de la verdadera justicia. Que nos dé coraje, sabiduría y compasión para vivir de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras. Y que su amor y su gracia nos inspiren a ser luces brillantes en medio de la oscuridad del mundo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.