133. ¿Cómo reina ahora el Señor Jesús?

Como Señor del cosmos y de la historia, Cabeza de su Iglesia, Cristo glorificado permanece misteriosamente en la tierra, donde su Reino está ya presente, como germen y comienzo, en la Iglesia. Un día volverá en gloria, pero no sabemos el momento. Por esto, vivimos vigilantes, pidiendo: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap22, 20).


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Párrafo 668

668."Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"(Ef1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf.Ef4, 10;1 Co15, 24. 27-28) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef1, 10), su cumplimiento transcendente.

Párrafo 669

669.Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf.Ef1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf.Ef4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio"(LG3), "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG5).

Párrafo 670

670.Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1 Jn2, 18; cf.1 P4, 7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf.Mc16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf.Mc16, 20).

Párrafo 671

671.El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc21, 27; cf.Mt25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf.2 Ts2, 7), a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf.1 Co15, 28), y "mientras no [...] haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf.1 Co11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf.2 P3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (Ap22, 20; cf.1 Co16, 22;Ap22, 17-20).

Párrafo 672

672.Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf.Hch1, 6-7) que, según los profetas (cf.Is11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cfHch1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tribulación" (1 Co7, 26) y la prueba del mal (cf.Ef5, 16) que afecta también a la Iglesia (cf.1 P4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1 Jn2, 18; 4, 3;1 Tm4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf.Mt25, 1-13;Mc13, 33-37).

Párrafo 673

673.Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cfAp22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch1, 7; cf.Mc13, 32). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf.Mt24, 44:1 Ts5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf.2 Ts2, 3-12).

Párrafo 674

674.La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia (cf.Rm11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm11, 26;Mt23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm11, 25) en "la incredulidad" (Rm11, 20) respecto a Jesús . San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch3, 19-21). Y san Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co15, 28).

Párrafo 680

680.Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal.


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