Evangelio de hoy – Lunes 17 de junio de 2024 – Mateo 5,38-42 – Biblia Católica

Primera Lectura (1 Reyes 21,1-16)

Lectura del Primer Libro de los Reyes.

En aquel tiempo: Nabot de Jezrael era dueño de una viña en Jezrael, junto al palacio de Acab, rey de Samaria. Acab dijo a Nabot: “Dame tu viña, para que pueda transformarla en un huerto, ya que está cerca de mi casa. A cambio te daré una viña mejor, o, si lo prefieres, te pagaré”. su valor en dinero.” Pero Nabot respondió a Acab: “No permita el Señor que te dé la herencia de mis padres”.

Acab regresó a su casa molesto e irritado por esta respuesta que le dio Nabot de Jezreel: “No te daré la herencia de mis padres”. Se acostó en la cama, con la cara vuelta hacia la pared, y no quería comer nada. Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: “¿Por qué estás triste y no quieres comer?” Él respondió: “Porque hablé con Nabot de Jezreel y le hice la propuesta de que me daría su viña por su precio en dinero, o, si prefería, le daría otra viña a cambio. Pero él respondió que lo haría. No me des la viña”. Entonces su esposa Jezabel le dijo: “¡Estás haciendo una hermosa imagen del rey de Israel! Levántate, come y ten buen ánimo, porque te daré la viña de Nabot de Jezreel”.

Luego escribió cartas en nombre de Acab, las selló con el sello real y las envió a los ancianos y nobles de la ciudad de Nabot. En las cartas estaba escrito lo siguiente: “Proclamad ayuno y haz que Nabot se siente entre los primeros del pueblo, y soborna a dos hombres malvados contra él, que darán este testimonio: ‘¡Has maldecido a Dios y al rey!’ Luego sácalo y apedréalo hasta que muera”.

Los hombres de la ciudad, los ancianos y los nobles conciudadanos de Nabot, hicieron conforme a la orden recibida de Jezabel, tal como estaba escrito en las cartas que ella les había enviado. Proclamaron ayuno e hicieron sentar a Nabot entre los primeros del pueblo. Llegaron los dos malvados, se sentaron delante de él y testificaron contra Nabot delante de toda la asamblea, diciendo: Nabot maldijo a Dios y al rey. Entonces lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon hasta matarlo. Luego enviaron la noticia a Jezabel: “Nabot fue apedreado y asesinado”. Al enterarse de que Nabot había sido apedreado y estaba muerto, Jezabel dijo a Acab: “Levántate y toma posesión de la viña que Nabot de Jezreel no te quiso dar por su precio; porque Nabot ya no vive; está muerto”. Cuando Acab oyó que Nabot había muerto, se levantó para bajar a la viña de Nabot de Jezreel y tomar posesión de ella.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Mateo 5,38-42)

— Proclamación del Evangelio de Jesucristo según San Mateo.

— Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: ‘¡Ojo por ojo y diente por diente!’ Pero yo os digo: ¡No os enfrentéis a nadie que sea malo! Al contrario, si alguien os abofetea en la mejilla derecha, ¡ofrecedle también la izquierda! ¡Si alguien os obliga a caminar un kilómetro, caminad dos con él!

— Palabra de Salvación.

— Gloria a ti, Señor.

Reflejando la Palabra de Dios

Mis hermanos y hermanas en Cristo, la Palabra de Dios nos revela hoy profundas lecciones sobre la justicia, la humildad y la radicalidad del amor que estamos llamados a vivir como seguidores de Cristo. Las lecturas de hoy, extraídas del Primer Libro de los Reyes y del Evangelio de Mateo, nos invitan a reflexionar sobre nuestras actitudes ante la injusticia y la venganza, desafiándonos a actuar con un amor que trasciende la lógica humana.

Comencemos con la Primera Lectura, tomada del Primer Libro de los Reyes, capítulo 21, versículos 1 al 16. En este pasaje encontramos la historia de Nabot y su viña, una historia de avaricia, injusticia y abuso de poder. El rey Acab deseaba la viña de Nabot, que estaba situada cerca del palacio real. Nabot, siendo fiel a las tradiciones y herencia de sus antepasados, se negó a vender o comercializar su viña. Enfurecido y frustrado, Acab regresó a casa, donde su esposa Jezabel ideó un malvado plan para obtener la viña por la fuerza. Ella falsificó cartas en nombre del rey, acusando falsamente a Nabot de blasfemia y traición, lo que resultó en su ejecución. Muerto Nabot, Acab tomó posesión de la viña.

Esta historia nos revela hasta dónde puede llevar a alguien la codicia y el deseo de poder. Se corrompió la justicia, se sacrificó la inocencia y se subvirtió la verdad para satisfacer los deseos egoístas de Acab y Jezabel. Vemos aquí un claro ejemplo de cómo el abuso de poder y la corrupción destruyen vidas y destruyen el tejido moral de la sociedad.

Ahora, reflexionemos sobre cómo se aplica esta lectura a nosotros hoy. Puede que no tengamos el poder de un rey, pero ¿con qué frecuencia permitimos que nuestros deseos personales nos lleven a comprometer nuestros valores? ¿Cuántas veces hemos sido testigos o incluso participado en la injusticia porque nos convenía? La historia de Nabot nos desafía a examinar nuestro corazón y actuar con integridad, incluso cuando hacerlo sea difícil o impopular.

Pasamos ahora al Evangelio de Mateo, capítulo 5, versículos 38 al 42. Jesús nos presenta una serie de enseñanzas que, a primera vista, pueden parecer radicales y difíciles de aceptar. “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al maligno. Si alguien os abofetea en la mejilla derecha, ofrécele también la izquierda. Si alguien quiere demandarte para quitarte la túnica, dale también tu manto. Si alguien te obliga a caminar un kilómetro, camina dos con él.

Aquí Jesús nos llama a superar la lógica de la retribución y la venganza, reemplazándola por la lógica del amor y la misericordia. Nos desafía a responder al mal con el bien, a la injusticia con generosidad, al odio con amor. Esta es una de las enseñanzas más revolucionarias de Jesús y también una de las más difíciles de practicar.

Imaginemos una situación cotidiana. Pensemos en alguien que nos ofende en el trabajo, que nos trata injustamente o habla mal de nosotros. Nuestra reacción natural es corresponder del mismo modo, defender nuestro orgullo y buscar venganza. Sin embargo, Jesús nos invita a un camino diferente, un camino que refleja el amor incondicional de Dios. Nos llama a responder con paciencia, a poner la otra mejilla, a ceder más de lo que se nos pide.

Para ilustrar esta enseñanza, recordemos la vida de San Francisco de Asís. Cuando lo despojaron de sus posesiones y lo ridiculizaron, no respondió con odio ni venganza. En cambio, abrazó la pobreza voluntaria y dedicó su vida a servir a los demás, demostrando que la verdadera riqueza está en el amor y la misericordia.

Ahora, al juntar las dos lecturas, vemos un poderoso contraste. En el Primer Libro de los Reyes, somos testigos de la injusticia y la venganza en su forma más cruda, con Acab y Jezabel destruyendo la vida de Nabot por codicia. En el Evangelio, Jesús nos ofrece una alternativa divina: la radicalidad del amor y del perdón. Nos muestra que el verdadero poder no está en la dominación o la retribución, sino en el amor que se sacrifica y se entrega.

¿Qué lecciones podemos sacar de estas lecturas para nuestras vidas? Primero, estamos llamados a actuar con justicia e integridad, como Nabot, incluso frente a la presión y el poder. No debemos comprometer nuestros valores por conveniencia o beneficio personal. En segundo lugar, tenemos el desafío de responder a la injusticia con amor y perdón, siguiendo el ejemplo de Jesús. Esto no significa ser pasivo ante el mal, sino elegir una respuesta que refleje la misericordia y la gracia de Dios.

Reflexionemos ahora sobre cómo podemos aplicar estas lecciones a nuestra vida diaria. Podemos comenzar examinando nuestros corazones y nuestras acciones. ¿Estamos actuando con justicia e integridad en nuestras interacciones diarias? ¿Estamos dispuestos a perdonar a quienes nos ofenden, a poner la otra mejilla, a hacer un esfuerzo adicional?

Pensemos también en las situaciones en las que fuimos agraviados. ¿Cómo respondemos? ¿Guardamos rencor y buscamos venganza, o elegimos perdonar y seguir adelante? La práctica del perdón no es fácil, pero es imprescindible para experimentar la plenitud del amor cristiano.

Ahora cerremos los ojos y guardemos un momento de silencio. Pidamos a Dios la gracia de vivir según sus enseñanzas, de actuar con justicia y de responder al mal con el bien. Que el Espíritu Santo nos guíe y fortalezca para ser verdaderos seguidores de Cristo, reflejando su amor en todas nuestras acciones.

Señor, te damos gracias por Tu Palabra que nos desafía e inspira. Ayúdanos a vivir con integridad y justicia, a perdonar a quienes nos ofenden y a responder al mal con el bien. Que seamos luz en el mundo, reflejando Tu amor en cada acción y palabra. Amén.

Mis hermanos y hermanas, al salir hoy de aquí, llevemos con nosotros la determinación de vivir como verdaderos discípulos de Cristo. Que la gracia de Dios nos acompañe y seamos instrumentos de su paz y amor en el mundo. Recuerde, estamos llamados a vivir el amor radical de Cristo: actuemos con justicia y misericordia, llevando luz y esperanza a nuestro alrededor. Amén.