Evangelio de hoy – Lunes 8 de julio de 2024 – Mateo 9,18-26 – Biblia Católica

Primera Lectura (Oseas 2,16.17b-18.21-22)

Lectura de la Profecía de Oseas.

Así dice el Señor: “He aquí, yo la seduciré, llevándola a la soledad, donde hablaré a su corazón; y allí ella responderá al compromiso, como en los días de su juventud, en los días de su venida. desde la tierra de Egipto sucederá en aquel día, dice el Señor, que ella me llamará ‘Mi marido’, y ya no la llamará ‘Mi Baal’. Yo te desposaré para guardar fidelidad y tú serás. conocer al Señor.”

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Mateo 9,18-26)

Proclamación del Evangelio de Jesucristo según San Mateo.

— Gloria a ti, Señor.

Mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe, se inclinó profundamente ante él y dijo: “Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá”. Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. En ese momento, una mujer que padecía una hemorragia desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto. Ella pensó para sí misma: “Si puedo tocar su manto, seré sanada”. Jesús se volvió y, al verla, dijo: “¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado”. Y la mujer quedó sana desde aquel momento. Al llegar a casa del jefe, Jesús vio a los flautistas y a la multitud alborotada, y dijo: “Vete, porque la niña no está muerta, sino que duerme”. Y empezaron a burlarse de él. Cuando la multitud se hubo disipado, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ella se levantó. Esta noticia se extendió por toda esa región.

— Palabra de Salvación.

— Gloria a ti, Señor.

Reflejando la Palabra de Dios

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy somos bendecidos con lecturas que nos hablan profundamente sobre el amor incondicional y transformador de Dios. En tiempos de dificultades y pruebas, estos pasajes nos recuerdan el amor fiel de Dios por su pueblo y el poder restaurador de su presencia. Exploremos juntos las profundidades de este mensaje y cómo puede transformar nuestras vidas.

En la primera lectura, del libro de Oseas, escuchamos una declaración de amor que resuena a través de los siglos. Dios, hablando por medio del profeta Oseas, dice al pueblo de Israel: “Por tanto, he aquí, yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y ella responderá como en los días. de su juventud, como el día que subió de la tierra de Egipto.” Aquí, Dios compara Su relación con Israel con un matrimonio. Incluso después de la infidelidad de Israel, Dios promete restaurar esta relación con ternura y amor.

Para entender la profundidad de este mensaje, pensemos en la imagen de una boda. Imaginemos una pareja que, tras años de dificultades y separación, decide renovar sus votos. Recuerdan los días de su juventud cuando se enamoraron por primera vez. Este proceso de renovación es doloroso, pero también profundamente curativo. Así es el amor de Dios por nosotros. Incluso cuando nos alejamos, Él nos llama a regresar, nos habla al corazón y promete renovar nuestra relación con Él.

En el evangelio de Mateo encontramos dos historias de sanación que revelan el poder y la compasión de Jesús. Primero, vemos a un jefe que se acerca a Jesús suplicando: “Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá”. Y, mientras Jesús se dirige a la casa del jefe, una mujer que padecía una hemorragia desde hacía doce años toca el borde de su manto, creyendo que sería sanada. Jesús, al sentir su tacto, se vuelve y dice: “Ánimo, hija, tu fe te ha salvado”. Y la mujer fue sanada al instante.

Al llegar a la casa del patrón, Jesús encuentra a la niña ya presuntamente muerta. Pero Él dice: “Vete, porque la niña no está muerta; duerme”. Y, tomándola de la mano, la niña se levanta. Estas historias nos muestran que Jesús no sólo tiene poder sobre la enfermedad y la muerte, sino también que responde a la fe de quienes lo buscan.

Ahora, reflexionemos sobre cómo estas lecturas se aplican a nuestras vidas. Primero, el mensaje de Oseas nos desafía a reflexionar sobre nuestra propia fidelidad a Dios. En nuestras vidas ocupadas y a menudo tumultuosas, podemos encontrarnos alejados de Dios, tal vez incluso infieles en nuestra relación con Él. Pero la buena noticia es que Dios nunca se da por vencido con nosotros. Él nos llama a regresar, con amor y ternura, deseando restaurar nuestra relación con Él. Estamos invitados a responder a su llamado con el mismo entusiasmo y pasión de nuestra “juventud espiritual” cuando nuestro amor por Dios era nuevo y vibrante.

¿Qué pasa con el evangelio? Las historias curativas nos recuerdan el poder de la fe. La mujer que sangraba creía profundamente que tocar a Jesús sería suficiente para sanarla, y su fe fue recompensada. El jefe, incluso en medio del dolor por la pérdida de su hija, creyó que Jesús podría devolverle la vida. Jesús respondió a ambos no sólo con sanidad física, sino con una confirmación de su fe en Él.

Podemos preguntarnos: ¿en qué áreas de nuestra vida necesitamos esta fe? Podemos enfrentar enfermedades, luchas financieras, problemas familiares u otras crisis. En momentos de desesperación, estamos llamados a confiar en Jesús, sabiendo que Él tiene el poder de transformar nuestras situaciones. Nuestra fe, por pequeña que sea, puede ser el catalizador de milagros en nuestras vidas.

Consideremos la metáfora de la tormenta y el refugio. Imagínate en medio de una violenta tormenta, el viento torrencial y la lluvia amenazan con derribar todo lo que te rodea. De repente encuentras un refugio seguro, un lugar de refugio donde la tormenta no puede tocarte. Este refugio es la presencia de Jesús en nuestras vidas. No importa cuán violentas sean las tormentas que enfrentemos, podemos encontrar refugio y seguridad en Él. Tu presencia nos protege, nos consuela y nos restaura.

El mensaje de hoy también nos desafía a ser agentes de transformación en la vida de los demás. Así como Jesús respondió al llamado de ayuda del jefe y al toque de la mujer, nosotros estamos llamados a responder a las necesidades de quienes nos rodean. Podría ser un amigo que está pasando apuros, un familiar que necesita apoyo o incluso un extraño que necesita una palabra de aliento. Nuestra fe debe movernos a la acción, a ser manos y pies de Cristo en el mundo.

Tengamos ahora un momento de silencio para reflexionar. Cerremos los ojos y pidamos a Dios que nos revele áreas de nuestras vidas donde necesitamos restaurar nuestra lealtad a Él y donde nuestra fe necesita ser fortalecida. Que el Espíritu Santo nos guíe y nos dé valor para vivir según la voluntad de Dios.

Señor, te damos gracias por las lecciones de hoy. Ayúdanos a vivir según Tu voluntad, a renovar nuestro compromiso contigo y a tener una fe inquebrantable en Tu poder para transformar nuestras vidas. Que seamos luz en el mundo, reflejando Tu amor en cada acción y palabra. Amén.

Al salir hoy de aquí, llevemos con nosotros la esperanza y la determinación de vivir como verdaderos seguidores de Cristo. Que la gracia de Dios nos acompañe y seamos instrumentos de su paz y amor en el mundo. Recuerde, estamos llamados a ser luz y sal: brillemos y sazonemos el mundo con la bondad, la justicia y el amor de Dios. Amén.