Evangelio de hoy – Martes, 21 de mayo de 2024 – Marcos 9,30-37 – Biblia Católica

Primera Lectura (Santiago 4:1-10)

Lectura de la Carta de Santiago.

Queridos amigos, ¿de dónde vienen las guerras? ¿De dónde vienen las peleas entre ustedes? ¿No provienen, precisamente, de las pasiones que están en conflicto en tu interior? Lo codicias, pero no puedes tenerlo. Matas y cultivas la envidia, pero no puedes tener éxito. Peleáis y hacéis la guerra, pero no podéis poseer. Y la razón es que no preguntas. Sí, pedís, pero no recibís, porque pedís mal. Porque sólo quieres desperdiciar la petición en tus placeres.

Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Así, todo aquel que pretende ser amigo del mundo se convierte en enemigo de Dios. ¿O pensáis que en vano dice la Escritura: “El espíritu que habita en nosotros anhela con celos”? Pero él nos da una gracia mayor. Por eso la Escritura dice: “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”. Obedeced, pues, a Dios, pero resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acércate a Dios y él se acercará más a ti. Purificad vuestras manos, pecadores, y santificad vuestros corazones, hombres de doble ánimo. Estad tristes, poneos de luto y llorad. Deja que tu risa se convierta en luto y tu alegría en desesperación. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Marcos 9:30-37)

— PROCLAMACIÓN del Evangelio de Jesucristo según San Marcos.

— Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea. No quería que nadie supiera esto porque estaba enseñando a sus discípulos. Y les dijo: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero tres días después de su muerte, resucitará”. Los discípulos, sin embargo, no entendieron estas palabras.
y tenían miedo de preguntar.

Llegaron a Cafarnaúm. Cuando estaban en casa, Jesús les preguntó: “¿Qué discutían en el camino?” Ellos, sin embargo, guardaron silencio, pues en el camino habían discutido quién era el mayor. Jesús se sentó, reunió a los doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el que sirva a todos”. Entonces tomó un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo dijo: “El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, me recibe a mí. Y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me envió”.

— Palabra de Salvación.

— Gloria a ti, Señor.

Reflejando la Palabra de Dios

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Imagina por un momento que estás en un gran jardín, lleno de flores de todos los colores y fragancias. En el centro de este jardín hay una fuente de agua clara, que simboliza la paz y la serenidad que todos deseamos en nuestras vidas. Ahora piensa en la mala hierba que crece en este jardín, representando los conflictos, la envidia y el orgullo que intentan asfixiar la belleza y la tranquilidad que Dios desea para nosotros.

Hoy, nuestras lecturas nos invitan a reflexionar sobre estas malas hierbas que surgen en nuestras vidas y cómo podemos, con la ayuda de Dios, cultivar un jardín de paz y humildad.

En la primera lectura, Santiago nos pregunta directamente: “¿De dónde vienen las guerras y las contiendas entre vosotros?” Él responde que provienen de las pasiones que luchan dentro de nosotros. Piensen en los momentos de conflicto en sus vidas: ¿con qué frecuencia estos momentos surgen de la envidia, del deseo desmesurado de poseer lo que no tenemos o del orgullo herido?

Santiago nos llama a una actitud de humildad ante Dios. Nos dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Esta es una invitación a la transformación interior, a reconocer nuestras debilidades y a buscar en Dios la fuerza para superarlas. Santiago enfatiza la importancia de humillarnos ante el Señor, porque “él os exaltará”.

En el Evangelio vemos a Jesús caminando con sus discípulos y les habla de su pasión y resurrección. Sin embargo, los discípulos se distraen, discutiendo entre ellos sobre quién sería el mayor. Al darse cuenta de esto, Jesús les enseña una poderosa lección: “Si alguno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”.

Para ilustrar su punto, Jesús coloca a un niño en medio de ellos y dice: “El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe”. El niño, en la cultura de esa época, representaba el ser sin poder, sin estatus, dependiente. Jesús nos llama a acoger y servir a los demás con la misma sencillez y humildad de un niño.

Volvamos a nuestro jardín. Las malas hierbas que menciona Santiago son como los deseos desordenados y el orgullo que echan raíces en nuestros corazones. Sofocan las flores de la paz, del amor y de la humildad. Necesitamos arrancar estas malas hierbas, y eso comienza con la reflexión y la oración. Santiago nos dice: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Es un llamado a la vigilancia espiritual y a luchar contra las tentaciones que nos alejan de Dios.

Jesús, en el Evangelio, nos muestra cómo cultivar un corazón puro: siendo siervos. Cuando pensamos en la grandeza, a menudo la asociamos con poder y prestigio. Pero Jesús invierte esta lógica. La verdadera grandeza está en servir, en anteponer las necesidades de los demás a las nuestras.

Piensa en una vela encendida. Ilumina y da calor, pero para ello se consume. Estamos llamados a ser luz en el mundo, a iluminar y calentar la vida de los demás, aunque eso signifique sacrificarnos nosotros mismos. Al igual que la vela, nuestro servicio a los demás es un reflejo del amor de Cristo dentro de nosotros.

Me gustaría compartir una historia real para ilustrar este mensaje. La Madre Teresa de Calcuta dedicó su vida a los pobres y enfermos. Encontró la grandeza no en el poder, sino en la humildad de servir a los más necesitados. En una ocasión, cuando le preguntaron cómo lograba realizar su trabajo en medio de tanta miseria, respondió: “No soy capaz de grandes cosas, pero puedo hacer pequeñas cosas con mucho amor”.

Esta mujercita, con su corazón gigante, demostró que la verdadera grandeza está en la sencillez y el servicio. Acogió a cada persona como si acogiera al mismo Cristo, viviendo plenamente la enseñanza de Jesús: “El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe”.

Ahora, los invito a cada uno de ustedes a reflexionar: ¿cuáles son las malas hierbas en su jardín espiritual? ¿Qué deseos desordenados, envidias u orgullos están asfixiando las flores de la paz y del amor en vuestras vidas? ¿Cómo puedes acercarte a Dios y pedirle ayuda para arrancar estas malas hierbas?

Y lo más importante, ¿cómo se puede servir a los demás con humildad y sencillez? Tal vez sea ayudar a un vecino necesitado, escuchar a alguien que está pasando apuros o simplemente ser más paciente y comprensivo con sus familias.

Tomemos un descanso ahora. Cierra los ojos y pídele a Dios que te revele las áreas de tu vida donde necesitas Su ayuda. Confíen en que Él está escuchando y listo para ayudarlos a transformar sus corazones.

Hermanos y hermanas, nuestro llamado es claro: cultivar un corazón humilde y ser servidor de los demás. Cuando seguimos el ejemplo de Cristo, nos convertimos en instrumentos de Su paz en el mundo. Dejemos que la luz de Cristo brille a través de nosotros, iluminando y calentando las vidas de todos los que nos rodean.

Recuerde las palabras de Santiago: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Y de las palabras de Jesús: “Quien recibe en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe”. Vivamos estas verdades en nuestra vida diaria, haciendo visible el amor de Dios a través de nuestras acciones.

Que la gracia divina, el amor y la esperanza estén con todos vosotros. Que hoy salgamos de aquí con el corazón renovado y el firme compromiso de vivir en paz y humildad.

Amén.