Evangelio de hoy – Miércoles, 17 de julio de 2024 – Mateo 11,25-27 – Biblia Católica

Primera Lectura (Isaías 10,5-7.13-16)

Lectura del libro del profeta Isaías.

Así dice el Señor: “¡Ay de Assur, vara de mi ira, bastón en mis manos, instrumento de mi ira! Lo envío contra una nación impía y le mando, contra un pueblo que me excita a ira, que los someta a el despojo y el despojo, que pisoteara sus pies como barro en las calles, pero él no pensaba así, su propósito no era ese al contrario, su intención era aplastar y exterminar a no pocas naciones. mano y con mi sagacidad, porque tengo experiencia; abolí las fronteras de los pueblos, saqueé sus tesoros, y derribé a los ocupantes de altos cargos, así reuní los pueblos de la tierra, y no hubo; el que batió las alas o abrió el pico y pío’ ¿Pero se jacta el hacha, en perjuicio del leñador que con ella corta, frente al aserrador que la maneja? ¿Como si el palo moviera al que la levanta y a? palo levanta el que no es madera. Por tanto, el Dominador, Señor de los ejércitos, enviará raquitismo contra aquellos fuertes guerreros; y sacudirá su gloria con convulsiones que arden como fuego”.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Mateo 11,25-27)

Proclamación del Evangelio de Jesucristo según Mateo.

— Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir: “Te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque te agradó. Todo ha sido entregado a mí por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo”.

— Palabra de Salvación.

— Gloria a ti, Señor.

Reflejando la Palabra de Dios

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy, al reflexionar sobre las lecturas de Isaías y Mateo, se nos invita a explorar la profundidad del poder y la sabiduría de Dios, así como el llamado a confiar plenamente en Su guía divina. El mensaje de estos pasajes es tan relevante para nuestras vidas hoy como lo fue para quienes escucharon estas palabras por primera vez.

En la primera lectura, del libro de Isaías, encontramos una fuerte advertencia y un poderoso recordatorio de la soberanía de Dios sobre todas las naciones y líderes. El profeta Isaías habla del rey de Asiria como el “cayado de la ira” de Dios, un instrumento utilizado para llevar a cabo su justicia. Dios dice: “¡Ay de Assur, vara de mi ira, la vara en su mano es el instrumento de mi ira! Lo envío contra una nación impía, lo envío contra el pueblo que provoca mi ira”.

Aquí, Dios está mostrando que incluso los reyes y gobernantes más poderosos son sólo instrumentos en Sus manos. No tienen poder independiente; todo lo que hacen está permitido o dirigido por Dios para cumplir Sus propósitos. Esto nos lleva a reflexionar sobre la verdadera fuente de poder en nuestras vidas. ¿Con qué frecuencia nos sentimos tentados a creer que nuestro éxito o nuestra posición es únicamente el resultado de nuestros propios esfuerzos?

Imagínese un gran director dirigiendo una orquesta. Cada músico, cada instrumento, está bajo su dirección. Tocan notas complejas y hermosas, pero es el director quien organiza cada sonido en una sinfonía armoniosa. Asimismo, Dios es el conductor supremo, que dirige la historia y los acontecimientos del mundo. Él utiliza incluso a aquellos que parecen estar fuera de Su plan para cumplir Sus designios.

Isaías también nos advierte sobre el peligro de la arrogancia. El rey de Asiria se jacta: “Hice esto con la fuerza de mi brazo y con mi sabiduría, porque soy inteligente”. Se atribuye su éxito a sí mismo, olvidando que es sólo una herramienta en manos de Dios. Esto nos recuerda las palabras de Jesús en Mateo 11, donde alaba al Padre por ocultar estas cosas a los sabios y doctos y revelarlas a los niños.

En el Evangelio de Mateo, vemos a Jesús haciendo una oración de gracias: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los inteligentes, y las revelaste a los niños”. Jesús nos está mostrando que la verdadera comprensión y sabiduría provienen de la revelación divina, no del conocimiento humano.

Imaginemos a un niño pequeño aprendiendo a caminar. Confía plenamente en sus padres para que la guíen y la atrapen cuando tropiece. De la misma manera, Jesús nos llama a tener una confianza sencilla y pura en Dios, como niños que dependen completamente de sus padres. Nos revela que el conocimiento de Dios y Su voluntad no es algo que podamos lograr mediante nuestra propia inteligencia o esfuerzo, sino algo que se nos da a través de la revelación y la gracia divina.

Jesús continúa diciendo: “Todo me ha sido entregado por mi Padre; y nadie conoce al Hijo sino el Padre; y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo”. Este es un poderoso recordatorio de que nuestra relación con Dios está mediada por Jesús. Es a través de Jesús que conocemos al Padre y entendemos Su voluntad para nuestras vidas. Él es el revelador de los misterios divinos y el camino hacia la verdadera sabiduría.

Al reflexionar sobre estas lecturas, somos llamados a abandonar nuestra arrogancia y confiar plenamente en la sabiduría y el poder de Dios. En un mundo que tanto valora la inteligencia y el éxito personal, estamos invitados a ser humildes y reconocer que toda sabiduría y poder provienen de Dios.

Llevemos ahora estas reflexiones a nuestra vida diaria. ¿Cómo podemos aplicar estas lecciones de humildad y confianza en Dios? Primero, recordemos agradecer a Dios por todas las bendiciones y éxitos en nuestras vidas, reconociendo que todo proviene de Él. Cuando enfrentamos desafíos y dificultades, podemos confiar en que Dios tiene el control y utiliza incluso las situaciones difíciles para cumplir Sus propósitos en nuestras vidas.

Además, podemos buscar la sabiduría divina a través de la oración y la lectura de las Escrituras, pidiéndole a Dios que nos revele Su voluntad. En lugar de confiar únicamente en nuestro propio entendimiento, pidamos la guía del Espíritu Santo en cada decisión que tomemos.

Tomemos ahora un momento de silencio para reflexionar sobre estas verdades. Cerremos los ojos y pidamos a Dios que nos ayude a confiar plenamente en Él, reconocer Su soberanía y buscar Su sabiduría en todos los ámbitos de nuestra vida.

Señor, te damos gracias por las lecciones de hoy. Ayúdanos a vivir con humildad, reconociendo que todo poder y sabiduría provienen de Ti. Danos un corazón confiado y dependiente de Tu gracia, y guíanos en nuestros caminos. Que siempre busquemos Tu voluntad y confiemos en Tu dirección. Amén.

Mis hermanos y hermanas, al salir hoy de aquí, llevemos con nosotros la esperanza y la determinación de vivir como verdaderos seguidores de Cristo. Que la gracia de Dios nos acompañe y seamos instrumentos de su paz y amor en el mundo. Recuerde, estamos llamados a ser luz y sal: brillemos y sazonemos el mundo con la bondad, la justicia y el amor de Dios. Amén.