Evangelio de hoy – Sábado, 18 de mayo de 2024 – Juan 21:20-25 – Biblia Católica

Primera Lectura (Hechos 28,16-20,30-31)

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Cuando entramos en Roma, Pablo recibió permiso para vivir en una casa particular, con un soldado que lo cuidaba. Tres días después, Pablo convocó a los líderes de los judíos. Cuando se reunieron, les dijo: “Hermanos, no he hecho nada contra nuestro pueblo ni contra las tradiciones de nuestros antepasados. Sin embargo, yo vine de Jerusalén como prisionero y por eso fui entregado a los romanos. Interrogado por ellos en el tribunal y no habiendo nada en mí que mereciera la muerte, quisieron dejarme en libertad. Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin intención alguna de acusar a mi nación. Por eso pedí veros y hablar con vosotros, porque llevo estos grilletes precisamente por la esperanza de Israel”.

Paulo vivió en una casa alquilada durante dos años. Acogía con agrado a todos los que acudían a él predicando el Reino de Dios. Con todo valor y sin obstáculos enseñó las cosas que se referían al Señor Jesucristo.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Juan 21,20-25)

— PROCLAMACIÓN del Evangelio de Jesucristo según San Juan.

— Gloria a ti, Señor.

En ese momento, Pedro se volvió y vio detrás de él a aquel otro discípulo que Jesús amaba, el mismo que se había apoyado en el pecho de Jesús durante la cena y le había preguntado: “Señor, ¿quién te va a entregar?” Cuando Pedro vio a aquel discípulo, le preguntó a Jesús: “Señor, ¿qué será de éste?”

Jesús respondió: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa a ti? ¡Tú, sígueme! Entonces se corrió la noticia entre los discípulos de que ese discípulo no moriría. Jesús no dijo que no moriría, sino sólo: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué os importa a vosotros?”

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las escribió; y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo muchas otras cosas, pero si todas estuvieran escritas, creo que no habría lugar para los libros que había que escribir en el mundo.

— Palabra de Salvación.

— Gloria a ti, Señor.

Reflejando la Palabra de Dios

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy me gustaría comenzar nuestra reflexión con una pregunta: ¿Cuántas veces nos encontramos anhelando respuestas? ¿Con qué frecuencia nos preguntamos sobre el propósito de nuestro camino, sobre el significado de nuestras experiencias cotidianas? Es natural que nuestros corazones anhelen comprensión y dirección. Y es precisamente en este punto que los pasajes bíblicos que escuchamos hoy, de Hechos 28,16-20,30-31 y Juan 21,20-25, traen luz a nuestra vida y nos invitan a una reflexión profunda.

Queridos hermanos y hermanas, la primera lectura nos lleva al momento en que el apóstol Pablo llegó a Roma como prisionero. Enfrentó innumerables dificultades en su viaje misionero, pero nunca perdió la esperanza ni dejó de confiar en el propósito de Dios para su vida. Pablo encontró gozo incluso en las circunstancias más adversas. No permitió que las cadenas físicas lo aprisionaran espiritualmente. En cambio, aprovechó su situación como una oportunidad para difundir el evangelio.

Esta es una poderosa lección para todos nosotros. ¿Con qué frecuencia nos encontramos “atrapados” en nuestras propias dificultades y desafíos? ¿Con qué frecuencia permitimos que las circunstancias definan nuestra perspectiva y limiten nuestra capacidad de actuar? Pablo nos enseña que incluso en las prisiones de la vida, podemos encontrar libertad en la fe y la misión que Dios nos ha confiado.

Hermanos y hermanas, en nuestra vida diaria encontramos desafíos que parecen frenarnos. Tal vez sea una enfermedad, una pérdida, una relación rota o una crisis financiera. Sin embargo, el mensaje de Pablo resuena profundamente: no estamos definidos por nuestras circunstancias, sino por la gracia de Dios que nos permite superarlas. Como Pablo, estamos llamados a encontrar propósito y significado en medio de nuestras dificultades.

Y esto nos lleva al Evangelio de Juan, donde somos testigos de la interacción entre Jesús y Pedro. Jesús le revela a Pedro que enfrentará desafíos y sufrimiento en su viaje. Pedro, curioso, pregunta por la suerte de Juan, a lo que Jesús responde: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa a ti? ¡Sígueme!”. (Juan 21,22).

Estas palabras de Jesús son una profunda invitación a confiar y centrarnos en nuestro propio camino. A menudo nos encontramos con el peligro de compararnos con otras personas. Miramos a los demás y nos preguntamos por qué sus vidas parecen más fáciles y sus bendiciones más abundantes. Pero Jesús nos recuerda que cada uno de nosotros tiene un viaje único e individualizado. No debemos distraernos por las historias y caminos de los demás, sino centrarnos en nuestro propio caminar con Él.

Queridos hermanos y hermanas, el mensaje central de estos pasajes bíblicos es claro: no estamos definidos por nuestras circunstancias, sino por el propósito y llamado que Dios tiene para cada uno de nosotros. Como Pablo y Pedro, estamos llamados a encontrar significado en medio de las dificultades y a confiar en la dirección de Dios para nuestras vidas.

Para que este mensaje sea tangible, me gustaría compartir una historia con ustedes. Había una vez un joven llamado Gabriel, que enfrentó una serie de desafíos en su vida. Luchó contra la soledad, la incertidumbre y la falta de propósito. Un día, en su momento de mayor desesperación, Gabriel decidió ir a una iglesia local y buscar respuestas.

Allí encontró un grupo de personas acogedoras y amorosas que lo invitaron a ser parte de una comunidad de fe. Gabriel quedó cautivado por el mensaje de esperanza y propósito que encontró en las Escrituras y en las palabras de los líderes de la iglesia. Comenzó a involucrarse activamente en la vida de la congregación, sirviendo a los necesitados y compartiendo su propia historia de superación.

Con el tiempo, Gabriel se dio cuenta de que el camino de la fe no está exento de desafíos, pero es precisamente a través de estos desafíos que encontró un propósito mayor. Descubrió que su propia historia de superación y su voluntad de servir eran herramientas poderosas para inspirar y animar a otros que también enfrentaban dificultades.

Queridos hermanos y hermanas, la historia de Gabriel es un poderoso recordatorio de que cada uno de nosotros tiene una historia única y valiosa que contar. No importa cuán desafiantes sean nuestras circunstancias, Dios puede usarlas para transformar vidas y llevar esperanza a otros. Así como Gabriel encontró un propósito en su viaje, cada uno de nosotros puede encontrar significado en nuestras propias experiencias.

Entonces, ¿cómo podemos aplicar estas verdades espirituales a nuestra vida diaria? Primero, debemos recordar que estamos llamados a confiar en Dios, incluso cuando enfrentamos dificultades aparentemente insuperables. Así como Pablo confió en Dios en medio de su encarcelamiento, nosotros estamos invitados a poner nuestras vidas, preocupaciones y desafíos en las amorosas manos de nuestro Padre celestial.

En segundo lugar, debemos recordar que nuestro camino de fe es único y personal. No debemos compararnos con los demás, sino centrarnos en seguir a Jesús y cumplir el propósito que Él tiene para nosotros. Cada uno de nosotros tiene dones y talentos únicos para compartir, y cuando participamos activamente en la vida comunitaria y servimos a los demás con amor, somos instrumentos poderosos en las manos de Dios.

Finalmente, debemos recordar que nuestras historias de superación y esperanza tienen el poder de impactar vidas. Así como Gabriel encontró un mayor propósito al compartir su propio viaje, también estamos llamados a ser auténticos y transparentes en nuestras relaciones. Cuando compartimos nuestras luchas y victorias con los demás, los invitamos a conectarse con nosotros en un nivel más profundo y permitimos que Dios use nuestras historias para traer sanación y transformación.

Querida comunidad, hoy tenemos el desafío de reflexionar sobre nuestro propio camino de fe. ¿Dónde encontramos dificultades? ¿Dónde nos llama Dios a confiar en Él y encontrar un propósito incluso en medio de la adversidad? ¿Qué historias de superación y esperanza podemos compartir con quienes nos rodean?

Mientras participamos en esta reflexión personal y buscamos aplicar estos principios espirituales en nuestra vida diaria, los invito a cada uno de ustedes a ponerse de pie y decir una oración silenciosa. Pídele a Dios guía y coraje para confiar en Él en todas las circunstancias, seguir a Jesús en tu viaje único y compartir tus historias de esperanza y superación con los demás.

Queridos hermanos y hermanas, la gracia, el amor y la esperanza divinos están disponibles para cada uno de nosotros. Que abracemos estas verdades espirituales en nuestras vidas y permitamos que nos transformen. Que encontremos propósito en medio de nuestras dificultades y seamos instrumentos de esperanza para quienes nos rodean.

Que la bendición de Dios sea con cada uno de ustedes. Que Él te permita vivir de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras, encontrar un propósito en tus viajes y compartir tus historias de esperanza con el mundo.

Amén.