Evangelio de hoy – Viernes 16 de febrero de 2024 – Mateo 9,14-15 – Biblia católica

Primera Lectura (Is 58,1-9a)

Lectura del Libro del Profeta Isaías.

Así dice el Señor Dios: “Grita fuerte, sin cesar, levanta la voz como trompeta y denuncia los crímenes de mi pueblo y los pecados de la casa de Jacob. Me buscan cada día y desean conocer mis propósitos, como gente que practica la justicia y no ha abandonado la ley de Dios. Exigen de mí juicios justos y quieren estar en la proximidad de Dios: ‘¿Por qué no te alegraste cuando ayunábamos y nos ignoraste cuando nos humillábamos?’ —Es porque en el día de vuestro ayuno os ocupáis de negocios y oprimís a vuestros empleados. Es porque, al mismo tiempo que ayunáis, hacéis litigios, peleas y agresiones implacables.

No ayunéis con ese espíritu, si queréis que vuestro pedido sea escuchado en el cielo. ¿Es este el ayuno que aprecio, el día en que una persona se mortifica? ¿Se trata acaso de inclinar la cabeza como junco, y de acostarse en saco y ceniza? ¿Acaso llamas a eso ayuno, día grato al Señor?

¿Es acaso el ayuno que prefiero otro: romper las cadenas injustas, desatar las ataduras del yugo, liberar a los que están detenidos, en fin, romper todo tipo de sujeción? ¿No es compartir el pan con el hambriento, acoger en casa a los pobres y peregrinos? Cuando encuentres a uno desnudo, cúbrelo, y no desprecies tu propia carne.

Entonces, brillará tu luz como la aurora y tu salud se recuperará más rápidamente; delante de ti caminará tu justicia y la gloria del Señor te seguirá. Entonces invocarás al Señor y él te responderá, pedirás socorro, y él dirá: ‘Aquí estoy'”.

– Palabra del Señor.

– Gracias a Dios.

Evangelio (Mt 9,14-15)

— PROCLAMACIÓN del Evangelio de Jesucristo según San Mateo.

— ¡Gloria a ti, Señor!

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le preguntaron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no?”

Jesús les respondió: “¿Acaso pueden estar tristes los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Vendrán días en que les será arrebatado el novio, y entonces sí ayunarán”.

— Palabra del Señor.

— ¡Gloria a ti, Señor!

Reflejando la Palabra de Dios

Mis hermanos y hermanas en Cristo, ¡que la paz del Señor esté con todos ustedes!

Hoy, me gustaría comenzar nuestra reflexión con una pregunta: ¿cómo se sienten cuando tienen hambre? Creo que todos hemos experimentado la sensación de un estómago vacío, los dolores y los gruñidos que nos recuerdan la necesidad de alimentarnos. Es una sensación que despierta en nosotros un intenso deseo de buscar alimento y saciar nuestra hambre.

Esta experiencia diaria del hambre física puede ayudarnos a comprender los pasajes bíblicos que acabamos de escuchar. En la primera lectura, del Libro de Isaías, el profeta nos habla sobre el verdadero ayuno, la forma en que Dios desea que lo busquemos a Él. Él dice: “El ayuno que me agrada es compartir tu pan con el hambriento, alojar en tu casa a los pobres sin techo y cubrir al desnudo”.

Estas palabras nos muestran que el ayuno verdadero no es solo una abstención física, sino una actitud de apertura y generosidad hacia los demás. Dios nos llama a mirar más allá de nuestras propias necesidades y preocuparnos por aquellos que tienen hambre, por aquellos que necesitan nuestra ayuda. Él nos invita a ser alimento para los hambrientos, a ser el hogar para los sin techo, a ser el vestido para los desnudos.

Pero, ¿cómo se relaciona esto con el Evangelio que hemos escuchado hoy? Jesús nos habla sobre el ayuno de sus discípulos y cómo son cuestionados por los fariseos. Jesús responde: “¿Acaso pueden los amigos del novio estar de luto mientras el novio está con ellos? Vendrán días en que les arrebatarán al novio, y entonces sí ayunarán”.

Estas palabras pueden parecer enigmáticas a primera vista, pero revelan una verdad profunda. Jesús es el novio, aquel que vino a saciar nuestra hambre y nuestra sed espiritual. Mientras Él está con nosotros, no necesitamos ayunar en tristeza, sino que podemos regocijarnos y alimentarnos de su presencia. Sin embargo, llegará un momento en que Él será apartado de nosotros, cuando Él subirá al cielo, y entonces, sí, ayunaremos en anhelo y ansiedad por su regreso.

Pero, ¿qué significa esto para nosotros en nuestra vida cotidiana? ¿Cómo podemos vivir estas verdades espirituales en nuestra realidad diaria? Permítanme compartir algunas reflexiones e historias que ilustran estos principios y nos ayudan a entenderlos mejor.

En nuestra vida agitada y a menudo egoísta, podemos estar tan absortos en nuestras propias tareas que nos olvidamos de los hambrientos y necesitados a nuestro alrededor. Podemos cerrarnos en nuestras propias preocupaciones y dejar de lado la oportunidad de ser el alimento para aquellos que tienen hambre física, emocional o espiritual.

Recuerdo una historia que me contaron sobre un hombre llamado Juan. Era un trabajador común, pero tenía un corazón generoso y un espíritu compasivo. Juan se aseguraba de llevar comida y ropa a las personas sin hogar en su ciudad todas las semanas. Reservaba tiempo en su apretada agenda para escuchar sus historias y ofrecer palabras de aliento. Juan entendía que servir a los necesitados era un ayuno verdadero, una respuesta al llamado de Dios para cuidar de los demás.

En una de sus visitas, Juan conoció a un hombre llamado Pedro. Pedro lo había perdido todo, estaba desanimado y sin esperanza. Pero la presencia amorosa de Juan tocó su corazón. No eran solo la comida y la ropa que Juan le ofrecía, sino también la compasión y el genuino deseo de ayudar. Juan se convirtió en el alimento para el hambre espiritual de Pedro, restaurando su fe en la humanidad y avivando su esperanza.

Esta historia nos recuerda que el verdadero ayuno es más que solo dar algo material. Es estar presente, escuchar, acoger y ofrecer esperanza. Es ser el alimento para el alma hambrienta de aquellos que nos rodean. Cuando nos convertimos en instrumentos de amor y compasión, estamos siguiendo el ejemplo de Jesús, el verdadero novio que vino a saciar nuestra hambre espiritual.

Otra historia inspiradora que ilustra estos principios es la de una mujer llamada María. Ella era voluntaria en un centro de rehabilitación para adictos a las drogas. María fue testigo del poder transformador del amor de Dios en la vida de aquellos que luchaban contra la dependencia. Se dio cuenta de que, al ofrecer apoyo, aliento y orientación espiritual, ella estaba siendo el alimento para el hambre espiritual de esas personas.

María entendía que el verdadero ayuno no era solo evitar alimentos específicos, sino también abstenerse de juicios y estigmas. Reconocía que, al tratar a aquellos que luchaban contra la dependencia con dignidad y respeto, estaba mostrando el amor y la misericordia de Dios. Su servicio era un ejemplo poderoso de cómo podemos ser el alimento para aquellos que tienen hambre de esperanza y redención.

Mis queridos hermanos y hermanas, estas historias nos desafían a reflexionar sobre cómo estamos viviendo nuestra fe en nuestra vida cotidiana. ¿Realmente estamos escuchando el llamado de Dios para ser el alimento para los hambrientos a nuestro alrededor? ¿Estamos dispuestos a abrir nuestros corazones y manos para servir a los necesitados?

El verdadero ayuno no es solo una práctica religiosa vacía, sino una expresión tangible del amor de Dios en nuestras vidas. Es a través de nuestras acciones concretas de compasión y generosidad que podemos hacer tangibles y aplicables las verdades espirituales de las Escrituras.

Por lo tanto, los invito a hacer una pausa y reflexionar sobre cómo pueden ser el alimento para los hambrientos en su vida cotidiana. Tal vez sea a través de una donación de alimentos a un banco de alimentos local, o tal vez sea ofreciendo su tiempo y talento para ayudar a una persona necesitada. Sean creativos en la forma en que aplican estos principios en sus vidas, pero siempre con amor y autenticidad.

Recuerden que el verdadero ayuno no se trata de buscar reconocimiento o recompensa, sino de servir a los demás con humildad y amor. Se trata de estar dispuestos a sacrificar nuestros propios confortos y privilegios en aras del bienestar de los demás.

Mis hermanos y hermanas, que permitamos que las palabras de las Escrituras y estas reflexiones resuenen en nuestros corazones. Que seamos despertados a la verdadera hambre que existe a nuestro alrededor y seamos motivados a ser el alimento para aquellos que lo necesitan.

Que sigamos el ejemplo de Jesús, el novio que vino a saciarnos, y vivamos nuestras vidas de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras. Que la generosidad, la compasión y el amor sean los pilares que guíen nuestras acciones diarias.

Y ahora, en silencio, pidamos la guía divina para que podamos responder a este llamado con sinceridad y dedicación. Oremos juntos…

Padre celestial, te agradecemos por llamarnos a ser el alimento para los hambrientos. Danos la sabiduría y la fuerza para actuar con amor y generosidad en nuestra vida diaria. Ayúdanos a reconocer las oportunidades para servir a los demás y a responder con compasión y humildad. Que tu amor y tu gracia nos guíen y fortalezcan en nuestro camino de fe. Te lo pedimos en nombre de Jesús, nuestro Señor y Salvador. Amén.

Que Dios los bendiga a todos y los capacite para vivir como verdaderos discípulos de Cristo. Vayan en paz, siendo el alimento para los hambrientos, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!